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MBA Acelera - Cambio de mirada

Cinco verdades sobre el desarrollo empresarial en América Latina (y por qué el cambio está en la mirada)

Durante décadas, la cooperación internacional y los organismos multilaterales han invertido miles de millones de dólares en la región bajo la bandera del «combate a la pobreza». Y sin embargo, si miramos las cifras con honestidad, los resultados han cambiado mucho menos de lo que ese esfuerzo haría esperar. El fracaso es estructural y nace de un error de diagnóstico: hemos construido un sistema que trata a los empresarios en contextos vulnerables como receptores de asistencia, en lugar de como personas capaces de liderar su propio desarrollo.

El problema no es solo la falta de capital, aunque el capital sigue haciendo falta. Es, sobre todo, la persistencia de una mirada que confunde la filantropía con el desarrollo económico. Como planteaba Amartya Sen, el desarrollo debe entenderse como la expansión de las libertades y capacidades de las personas. Mientras sigamos diseñando «programas para pobres» en lugar de plataformas de excelencia, seguiremos administrando la escasez en lugar de generar prosperidad.

Estas son cinco verdades que incomodan al modelo habitual de desarrollo, y la propuesta que se deriva de ellas.

1. El «microempresario» no existe: el tamaño es de la empresa, no del talento

La primera barrera es semántica y psicológica. La etiqueta «microempresario» ha funcionado como una camisa de fuerza institucional que limita el potencial de una persona al tamaño de sus activos actuales. Como señala Susana Ramela, líder de conocimiento de MBA Acelera: «No existe el microempresario. Lo que existe es la microempresa, pero el empresario no tiene tamaño.»

Cuando una institución clasifica a alguien por su balance contable y no por su vocación o su talento, condena su servicio a la mediocridad. El empresario en un entorno vulnerable no necesita pequeñas ayudas: necesita servicios de alta calidad que reconozcan su dignidad y su capacidad de crecer como cualquier gran empresario. La empresa puede ser pequeña hoy; la mentalidad con la que se la dirige no debería tener techo.

2. Dejar de podar bonsáis: de la limitación al potencial

Daniel Turiel, fundador del modelo, utiliza una imagen que resume el error de fondo. La cooperación tradicional ha tratado a los negocios de los sectores populares como bonsáis: se les da el agua justa (un microcrédito) y se les poda constantemente con formación básica para que permanezcan pequeños, manejables y dentro de la marginalidad.

El cambio exige dejar de mirar las carencias y empezar a ver la ceiba, el gran árbol que puede llegar a ser cada proyecto. No se trata de lo que el empresario no tiene, sino de lo que puede llegar a ser si se democratiza el acceso a la excelencia empresarial.

 

Mirada tradicional (bonsái) Mirada MBA Acelera (ceiba)
Centrada en limitaciones Centrada en el potencial y las fortalezas
Ve beneficiarios, receptores pasivos Ve protagonistas de su propio desarrollo
Servicios básicos, “para pobres” Excelencia y liderazgo empresarial
Busca la supervivencia o el autoempleo precario Busca la aceleración y la prosperidad

3. La trampa del ingreso y el riesgo del 40%

Hay un espejismo estadístico peligroso: creer que cruzar la línea de pobreza monetaria equivale a éxito. En América Latina hemos creado una inmensa población vulnerable: personas que han aumentado sus ingresos, pero que viven en una situación intermedia, ya fuera de la pobreza pero sin bases sólidas que las mantengan ahí.

Los datos lo confirman: esta población tiene un 40% de probabilidad de volver a caer en la pobreza ante cualquier golpe externo, como una crisis de salud o una caída del mercado. Esto ocurre porque no hemos atacado la brecha de productividad. En los países de la OCDE, las mipymes aportan cerca del 60% del PIB; en nuestra región, esa cifra se queda en torno al 30%.

Más grave aún es la brecha dentro de cada economía. Una microempresa latinoamericana produce entre un 16% y un 36% de lo que produce una gran empresa. En Europa, esa proporción sube hasta el 63% o el 75%. La lucha contra la pobreza ha fallado porque no ha sido una estrategia capaz de romper esta trampa de baja productividad.

4. El ecosistema dual y el fin de los «servicios para pobres»

Vivimos en un ecosistema fracturado. Por un lado, consultoría de élite para la gran empresa; por otro, cursos básicos y microcrédito como única herramienta para los vulnerables. Es una receta para el estancamiento.

El microcrédito sin gestión profesional es, con frecuencia, una vía más rápida al sobreendeudamiento. La propuesta es elevar el nivel de la oferta, financiera y no financiera. Hacen falta herramientas de transformación real, como el microfactoring, el microleasing y los microseguros, integradas en una formación gerencial de alto nivel. Cambiar la mirada cambia el mundo: hay que erradicar la lógica de servicios mediocres para personas en situaciones difíciles.

5. El efecto diamante y la ruta de desarrollo

La innovación social no es filantropía. Es un proceso en el que la organización es el medio y el empresario, el fin. Y ese proceso tiene una ruta con tres etapas, porque no todos los empresarios están en el mismo punto ni necesitan lo mismo.

Los Semilleros son la primera: programas de consolidación empresarial para perfiles más iniciales, negocios que empiezan o que todavía son pequeños e inestables y necesitan asentarse antes de pensar en crecer. No es una etapa menor. Por los Semilleros han pasado más de 19.000 empresarios, y es la de mayor participación femenina: un 77% de mujeres.

La segunda es MBA Acelera: un programa de aceleración para quienes ya tienen una empresa consolidada y muestran alta vocación y potencial de crecimiento, los diamantes. Identificar a ese 10% de empresarios no es excluyente, es estratégico. De cien empresarios interesan los cien, pero este programa se centra en los diez que pueden generar un efecto multiplicador. No porque los diamantes valgan más que las demás piedras, sino porque tallarlos es en lo que MBA Acelera se especializa. Los resultados avalan el enfoque: las empresas que pasan por el programa registran un crecimiento medio del 40% en ventas y un 30% de generación de empleo anual, en gran parte formal.

La tercera etapa, Alumni, empieza cuando termina el programa. Los más de 5.000 alumni de MBA Acelera no se dispersan: forman una red en la que siguen aprendiendo unos de otros, se apoyan y acompañan a quienes vienen detrás.

Carmen Muyshondt resume lo que esta ruta hace posible. Lo que empezó como un pequeño negocio familiar de hamburguesas en plena pandemia es hoy una marca en expansión, con nuevas líneas de negocio, más de catorce empleos generados y un incremento del 291% en ventas. Estos empresarios no solo transforman sus cuentas. Transforman sus comunidades.

Diamante siendo pulido

Conclusión: una invitación

La verdadera innovación social no ocurre en los escritorios de las ONG, sino en el taller, en la fábrica y en la tienda de barrio, cuando el empresario asume su papel de protagonista. El llamado a las instituciones de desarrollo es dejar de ser «salvadores» para convertirse en socios de transformación. Dejar de administrar la escasez para empezar a gestionar el talento. Cambiar la cobertura masiva pero superficial por el impacto profundo y medible.

La pregunta, para quien toma decisiones en este sector, es sencilla: ¿estamos dispuestos a dejar de ver beneficiarios y empezar a ver a los empresarios que van a mover la economía de la región?

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